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Mitología salvaje: reconstruyendo la cosmovisión indígena europea

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Los espíritus del bosque. Óleo de Paz Treuquil

Mitología salvaje es una obra que toca en lo profundo del corazón de nuestro proyecto editorial porque nos recuerda que hubo un tiempo, un tiempo real, en que los europeos vivíamos en comunidades soberanas de sí mismas e integradas en la naturaleza, es decir, indígenas. Comunidades a las que estamos vinculados a través de una linea ancestral directa, a pesar de que el humano moderno acostumbre a percibirlas como algo ajeno y extraño, a través de la imagen estereotipada y difusa de un mundo rudo, bestial, casi inhumano. De hecho ni siquiera hemos de remontarnos al paleolítico pues a menudo incluso las mucho más recientes comunidades rurales preindustriales son concebidas de este modo. Parece que nos vamos desvinculando más y más de todo nuestro linaje ancestral en la medida en que nos identificamos y tomamos más en serio el rol de “ciudadanos”, los modernos “hijos del progreso”…

Pero cuando de alguna forma nos acercamos al sustrato paleolítico de nuestra cultura hay algo que toca siempre la membrana de nuestro inconsciente personal y colectivo. Esta es la magia que nos ofrece Mitología salvaje a través de un formato muy original que combina información visual con una excelente selección de citas ordenadas por temas. Las muestras de arte y culto prehistórico tienen todas un poder cautivador enorme y se deja sentir en ellas la conexión profunda con la naturaleza sintiente que nos envuelve, nos sostiene y nos da forma y sentido, de la que venimos y a la que vamos. Rescatar nuestra indigeneidad perdida es rescatar nuestras relaciones naturales, y en este propósito confluimos y nos hemos felizmente encontrado Cauac Editorial Nativa y el Proyecto de Divulgación Cultural Europa Indígena de Guillermo Piquero, muy estimado amigo y autor de la obra que presentamos a través de esta pequeña entrevista.

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Guillermo Piquero y Jon Ortega en la entrada de la Cueva del Castillo (Puenteviesgo, Cantabria), donde encontramos una tradición de arte rupestre que se remonta hasta el paleolítico medio.

Jon Ortega (JO): ¿Puedes hablarnos de alguna obra de arte prehistórico que te haya cautivado especialmente?

Guillermo Piquero (GP): Pues me parece de gran belleza en cuanto a forma y contenido simbólico el grabado en piedra que se conoce popularmente como Venus de Laussell, en la Dordoña francesa. Fue esculpida hace unos 25.000 años en la entrada de un abrigo rocoso y salpicado reiteradamente con ocre rojo. Representa a una mujer con los rasgos típicos de la venus paleolíticas. Su mano derecha sostiene un cuerno de bisonte con trece incisiones y su mano izquierda reposa sobre su vientre. Respecto a su significado y recopilando aportaciones de diferentes autores, podríamos aventurarnos a exponer dos interpretaciones paralelas e interrelacionadas, una especie de polisemia simbólica:

La primera interpretación estaría más relacionada con la sexualidad y la fecundidad femenina. Estaríamos, como proponen algunas autoras, ante una especie de calendario menstrual. La mujer de Laussel como evocación de la Tierra misma, dirige su mirada hacia su mano derecha que sostiene un cuerno de bisonte en representación de la fase creciente de la luna con sus 13 días incisos. Su mano izquierda reposa sobre su vientre para mostrar como dicha fase creciente es coincidente con la fase de pre-ovulación del ciclo menstrual, al final de la cual se encuentran los días más fértiles y más propicios para concebir un embarazo. Hay que recordar que la Venus de Laussel fue salpicada con ocre rojo y estaba situada en la entrada de un abrigo rocoso en cuyo interior existen grabados de falos, vulvas y escenas sexuales. Como indican algunos autores, es posible que este abrigo rocoso de Laussell fuera un lugar sagrado en el que tenían lugar ritos relacionados con la fecundidad y la sexualidad sagrada.

Vemos pues como para nuestros ancestros del paleolítico europeo la fisiología femenina y la religión naturalista de la Diosa forman un Todo en el que ambos aspectos se entrelazan y complementan. Según esta visión, el útero de la mujer es el órgano sagrado a partir del cual se regenera la vida de la comunidad y está a su vez conectado con el vientre de la Madre Tierra, con la matriz primordial, con la dimensión invisible de donde procede el espíritu de cada nuevo ser vivo.

JO: ¿Y la segunda interpretación?

GP: La segunda interpretación tiene un trasfondo más mitológico, pero que se complementa con la hipótesis anterior. Así podríamos decir que la imagen representaría a la Gran Diosa Paleolítica como símbolo de la fecundidad de la Tierra que muestra en su mano derecha las trece lunas que tiene un año solar. Se ponen de este modo en relación los ciclos celestes con los terrestres, estos últimos simbolizados por la mano que reposa sobre su vientre (la corteza terrestre) y señalando con los dedos su ombligo como entrada simbólica al Mundo Subterráneo.

Así que es más que posible que los paralelismos existentes entre los ritmos naturales de la Luna, la Tierra y la Mujer desembocaran durante el paleolítico en el surgimiento de una mitología sagrada femenina cuya síntesis filosófica más extraordinaria está contenida precisamente en la multiplicidad de significados que nos sugiere la imagen de la Venus de Laussell.

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Venus de Laussell, relieve del periodo gravetiense, Dordoña francesa

JO: Percibirás un contraste muy grande entre lo que modernamente entendemos por mitología y la forma en que lo viven las culturas indígenas…

GP: Bueno, la diferencia fundamental radica en el hecho de que el concepto o el término “mitología” no existe como tal en las culturas indígenas arcaicas. Podríamos decir de manera muy esquemática y resumida, que lo que los occidentales definimos como “mitología” representa para las culturas indígenas un conjunto de enseñanzas sagradas transmitidas generación tras generación y que expresan a través del lenguaje simbólico y arquetípico el funcionamiento del universo, así como el encaje de cada cultura concreta en dicho contexto.

Sin embargo, la visión generalizada de nuestra sociedad y la que en su mayor parte transmitimos a los niños en las escuelas, sigue siendo que la mitología de los pueblos indígenas es un conjunto de leyendas y cuentos fantasiosos creados por nuestros ancestros para explicar el mundo, puesto que en esa época lejana carecían de los instrumentos científicos y tecnológicos para entenderlos. Esta visión ha quedado plasmada en la conocida frase “eso es un mito”, para referirnos a algo que siendo falso es tomado por verdadero.

Pero… ¿Y si fuera al revés?, ¿Y si fuéramos nosotros, ciudadanos civilizados del SXXI quienes fruto de nuestra ignorancia y de nuestra desconexión con el mundo natural y espiritual, hemos tenido que recurrir a la tecnología para llegar a las mismas conclusiones que nuestros más remotos ancestros ya conocían y expresaban a través del lenguaje arquetípico y simbólico?

JO: ¿Podrías ilustrarnos con algún ejemplo?

GP: Quizás el ejemplo más conocido en este sentido sea la famosa Hipótesis Gaia. Su creador, James Lovelock la dio a conocer oficialmente al mundo través de un libro que tituló sorprendentemente Gaia. Una nueva visión de la vida sobre la tierra. Esta visión sería nueva para Lovelock, porque para los pueblos indígenas… era más vieja que la orilla del mar.

Lovelock, tras años de complejos estudios interdisciplinares llego a la conclusión de que nuestro planeta es un ente vivo, un gran organismo compuesto por la interrelación de todos los seres vivos. Según su hipótesis, la atmósfera y la corteza terrestre se comportan como un Todo coherente, como una unidad orgánica que se autorregula y tiende hacia el equilibrio. Esto es de manera muy sintética lo que los científicos denominan “biosfera”.

Lovelock tuvo que estudiar varias carreras universitarias, trabajar en la Nasa, etc… para decir a través del lenguaje científico lo mismo que llevaban diciendo los pueblos indígenas desde el principio de los tiempos a través del lenguaje mítico y poético: que la vida con mayúsculas es un Gran Tejido Sagrado en el que todos los seres vivos están relacionados entre sí. Y que todos ellos son a su vez fruto de la unión sinérgica entre el principio activo masculino celeste (atmosfera) y el principio femenino receptivo terrestre (la corteza terrestre).

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“Dama de Saint Sernin”, talla megalítica hallada en Saint-Serninr-sur-Rance (Francia)

JO: Nos has hablado de mitología… ¿y qué hay de la otra palabra que compone el título del libro, “salvaje”, que nos puedes decir sobre ella?

GP: El título de “Mitología salvaje” es una especie de juego de palabras que pretende servir como alternativa referencial a la conocida “mitología clásica”. Pero también con la elección del término “salvaje” intento contribuir a despojarlo del sentido peyorativo que nuestra sociedad le otorga y que en modo alguno se corresponde con el significado real de la palabra. “Salvaje” proviene de “selva” (silva en latín), pero no en el sentido de bosque tropical, sino que en su origen parece hacer referencia de manera genérica a los bosques frondosos y no afectados por la acción humana. Y así por ejemplo, el Dios romano de los bosques era conocido como Silvano.

Pero esta asociación del término “salvaje” con el bosque no es de origen latino, pues encontramos el mismo significado en un idioma preindoeuropeo miles de años anterior, el euskera, donde “salvaje” se dice Basati, de Bas (bosque). Es decir, los salvajes eran los habitantes de las inmensas selvas o bosques europeos que cubrían la mayor parte de la superficie de nuestro continente tras finalizar la última glaciación.

Y es que como dice Ignacio Abella en alguno de sus imprescindibles libros, hubo un tiempo en el que los europeos fuimos vecinos de un mismo bosque que se extendía desde la Península Ibérica hasta Siberia. Se calcula que no queda ni un 1% de los bosques que cubrían, hace apenas un par de milenios, más del 80% de Europa Occidental. El bosque fue el entorno sagrado que envolvió y protegió a las comunidades humanas durante milenios. Atrae las lluvias y sostiene los manantiales, produce frutos y medicinas, da refugio a infinidad de formas de vida y proporciona leña para alimentar el fuego y madera para construir todo tipo de cosas. La cosmovisión de las culturas prehistóricas europeas estaba por tanto indisolublemente unida al bosque, hogar y templo de nuestros ancestros.

Escuche una vez decir a un anciano lakota en un documental que la vida de humanos y árboles está entrelazada “pues cada uno respira lo que el otro exhala”. Este concepto filosófico y vital también debió de ser compartido por las culturas prehistóricas europeas, pues si echamos mano de nuevo del euskera nos encontramos una identificación impresionante entre los nombres de las partes del árbol y las del ser humano: izerdi significa sudor y savia; gerri, tronco y cintura; azal, piel y corteza; beso, rama y brazo; la copa del árbol se llama adaburu (de adar, rama y buru, cabeza); y el nudo de la madera se llama adabegi (de adar, rama y begi, ojo).

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La magia de los árboles, de Ignacio Abella

JO: Vamos a retomar el tema de la unión entre el principio masculino y el femenino… cuéntanos como se refleja esto en las cosmovisiones ancestrales europeas.

GP: Esta dualidad sagrada era explicada simbólicamente por nuestros ancestros europeos como una unión amorosa entre el cielo y la tierra. Así lo reflejan dos relatos mitológicos preindoeuropeos que han sobrevivido hasta nuestros días: el de la Dama Mari y el culebro de fuego Sugaar, en la cultura vasca; y el de la Diosa Eurinome y la serpiente celeste Ofíon, del “Relato pelasgo de la creación”. Del mismo modo, también encontramos evidencias de esta antiquísima cosmovisión en lugares de culto y templos prehistóricos europeos que celebraban la unión amorosa entre el cielo y la tierra en ceremonias que se oficiaban durante el solsticio de invierno, en las que un haz alargado de luz (Sugaar, Ofión) penetra hasta el interior de estos lugares sagrados, como por ejemplo ocurre en la cueva útero de Nenkovo en Bulgaria, en el Templo de New Grange en Irlanda o en el sepulcro de Huerta Montero en España, entre otros muchos lugares…

Sugaar. Óleo de Paz Treuquil.
Sugaar. Óleo de Paz Treuquil.

JO: ¿Y qué conexión encontramos entre este principio de fertilidad masculino que encarnan Ofión o Sugaar, y el de los Dioses Astados de las culturas protohistóricas europeas?

GP: Bueno, sería importante aclarar antes, que cuando se habla de masculino y femenino en las cosmovisiones indígenas, no se está hablando desde una perspectiva de género, sino de distintos tipos de energías o procesos naturales que dependiendo de su carácter activo o receptivo, celeste o terrestre, fecundo o fértil, etc… los catalogamos bajo el genérico nombre de masculino o femenino (del mismo modo por ejemplo que lo hace el Tao con el yin y el yang). Y respondiendo a tu pregunta… efectivamente la mitología comparada nos permite afirmar que los híbridos entre un hombre y un animal astado (ya sea chivo, carnero, toro o venado) representan unánimemente arquetipos de fertilidad y virilidad, es decir, al principio masculino de la naturaleza, ya sea asociado a la caza y los ciclos reproductivos de los animales o al crecimiento de la vegetación. De ahí que se use el genérico nombre de “Señor de los animales y de los bosques” para describir a estos númenes prehistóricos.

Se trata de un mito en estrecha relación con el de la serpiente masculina celeste. De esta conexión simbólica tenemos una imagen muy evocadora en la representación de Cernunnos en el caldero de Gundestrup, dónde el Gran Hombre-ciervo aparece sosteniendo en su mano una serpiente…con cuernos de carnero. Podríamos decir que por un lado, el culebro sagrado representa la energía vivificadora celeste que penetra e impregna la superficie terrestre (el dragón en la cueva de los mitos arcaicos), y por el otro, el Dios Astado encarna los efectos que dicha energía celeste produce sobre la naturaleza, de ahí que en algunas tradiciones espirituales nazca y muera cíclicamente cada año en un ritmo paralelo a la mayor o menor proximidad del sol respecto a la tierra. Por otro lado, para entender que ambos mitos no representan papeles menores, sino que aglutinan las energías y procesos naturales que conforman una de las dos grandes polaridades de la naturaleza, hay que recordar que ambos aparecen representados en distintas mitologías preindoeuropeas como consortes o amantes de la Gran Diosa.

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Detalle del caldero de Gundestrup, conservado en el Museo Nacional de Dinamarca (Copenhague), con representación del Dios Astado Cernunnos rodeado de animales.

 

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El Akelarre de Francisco de Goya, donde dejó representado a akerbeltz, el Astado de la tradición euskaldún.

JO: ¿Y de dónde viene la asociación del Dios Astado con el infierno?

GP: Hay que partir del hecho de que el inframundo pagano europeo carecía de las connotaciones negativas que le impuso posteriormente el cristianismo romano. Muy al contrario y aunque resulte sorprendente, tenía un sentido uterino y de regeneración de la vida (de ahí los enterramientos prehistóricos en posición fetal). Era el vientre incandescente de la Madre Tierra que acogía en su seno el alma de los difuntos y del que surgía el espíritu de los que estaban por nacer. El Gran Astado, como encarnación del principio de fertilidad de la naturaleza, era el catalizador que posibilitaba la chispa que prendía la llama de la vida en este Reino uterino, pero también era el responsable del soplo que la apagaba, pues no olvidemos que como Señor de los animales, regía la caza con la que se alimentaban las comunidades prehistóricas.

Esta relación entre el Gran Astado y el inframundo uterino, debió de ser de gran importancia en las comunidades paleolíticas, pues su imagen aparece representada en distintas cuevas del arte franco-cantábrico y en la mayor parte de las veces bajo la apariencia de un Hombre-toro o bisonte. De este modo, cobra fuerza la hipótesis de algunas autoras que proponen que los bucráneos (cabezas de toro) del arte neolítico europeo representan al útero y las trompas de Falopio como alegoría del vientre de la Madre tierra. Y esta hipótesis queda a mi juicio confirmada en una extraordinaria pintura rupestre de la cueva de Chauvet del periodo auriñaciense, con al menos 30.000 años de antigüedad, en la que se superpone la cabeza de un Hombre-bisonte sobre el vientre grávido de un cuerpo femenino, y en la que el ojo del animal es al mismo tiempo el ombligo de la mujer. Una imagen simbólica que habla por sí sola.

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Espectacular conjunto de hombre bisonte, vulva y vientre femenino y busto de leona en la cámara más profunda de la cueva de Chauvet en Ardèche (sur de Francia) 30.000 a.C.

Gracias a tu libro hemos conocido a la genial pintora mapuche Paz Treuquil. Nos ha encantado el cuadro de la portada, que capta magistralmente el contenido del libro ¿Qué nos puedes decir de él?

Bueno, creo que la bellísima obra que por encargo realizó Paz para la portada del libro habla por si sola, e invita a mirarla pausadamente y bucear en su simbolismo para comprenderla más allá de las explicaciones que yo te pueda dar. No obstante, quién haya tenido la oportunidad de echarle un vistazo al contenido del libro habrá podido comprobar que está compuesto por dos partes principales de las que ya he hablado con detalle anteriormente en la entrevista: el principio femenino y el principio masculino. Esta biunidad sagrada, que vuelvo a repetir, no debe ser entendida desde una perspectiva de género, sino que hace referencia a las polaridades complementarias propias de cualquier sistema de vida, era expresada en las mitologías arcaicas europeas a través de la interrelación de dos conjuntos simbólicos principales: uno, de polaridad masculina, en el que el Señor de los animales y los bosques aparece asociado al sol, al rayo, a los cuernos de los grandes herbívoros o al falo erecto,… y otro en el que la Gran Diosa de la vida, la muerte y la regeneración se asocia con las fases lunares, las vulvas, las cuevas o los manantiales… por darte algunos ejemplos.

Como afirman Anne Baring y Julesh Cashford en su maravilloso libro “El mito de la Diosa”, es posible que el origen de la mitología europea parta de dos imágenes simbólicas principales: la de la Madre y la del cazador. Y aunque ésta nos parezca una hipótesis demasiado estereotipada, debemos recordar que las representaciones antropomorfas del arte paleolítico de seres cornudos por un lado y de las conocidas venus paleolíticas por otro, inciden claramente en estos dos arquetipos sagrados. Posteriormente, tras el fin de la era paleolítica, las historias sobre esta pareja sagrada, fueron troqueladas por la tradición oral y adaptadas por los pueblos agrícolas y ganaderos del neolítico, como en Egipto con Isis y Osiris, o en Mesopotamia con Isthar –Tammuz, hasta que poco a poco dichos mitos fueron diluyéndose en las emergentes mitologías monoteístas patriarcales.

Sin embargo, hasta nuestros días han conseguido sobrevivir retales culturales de aquellos viejos tiempos, y me fijo una vez más en la mitología vasca dónde ha pervivido la figura de Mari por un lado y por otro la de Akerbeltz, el antropomorfo macho cabrío que a tenor de la tradición oral y las leyendas debió de jugar un papel fundamental en esta antigua religión naturalista. Y recordemos también el reconstruccionismo cultural que con mayor o menor acierto, realizó a medidos del SXX el neopaganismo europeo, que alzó al Gran Astado y a la Gran Diosa a lo más alto de su panteón.

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 Los cuadros de Paz Treuquil se encuentran en https://www.paztreuquil.com/

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Entrevista para The Ecologist, abril 2017

Transcripción completa de la entrevista a Jon Ortega para The Ecologist, publicada en el monográfico dedicado a la permacultura en abril de 2017.

permacultura1¿Cuánto hace que formasteis Cauac Editorial Nativa? ¿Con qué objetivo?

La actual asociación se creó en 2011, aunque antes de esta fecha llevábamos ya un tiempo funcionando con otras formas legales. El objetivo fue siempre apoyar, desde nuestras humildes posibilidades, lo que podríamos llamar “la revolución de la consciencia”, comenzando por la nuestra propia. Podríamos decir que desde el principio ha sido un medio tanto para profundizar en nuestra investigación y búsqueda personal como para compartir, enlazarnos y retroalimentar con mucha otra gente.

¿De cuántos libros disponéis actualmente en la editorial?

Desde 2012 hemos publicado 12 títulos, además de colaborar en varios proyectos de edición con otros colectivos. También hemos ayudado a diversas personas a autoeditar o distribuir sus libros. En la web se pueden consultar las fichas y reseñas de los que distribuimos actualmente.

¿Qué diferentes temas tratáis?

El tema puede ser cualquiera si en el enfoque desde el que se plantea hay una visión que sintamos pueda aportar algo valioso. Nos interesa especialmente trabajar en aquello que de una forma más estructural está limitando nuestra libertad de consciencia, lo cual a menudo implica un cuestionamiento profundo o cualitativo de los pilares fundamentales de la cultura y sociedad moderna. Como a cualquier persona, nos gusta compartir lo que nos resulta liberador e inspirador, y el propio proceso de compartirlo multiplica, intensifica y afina sus efectos de forma expansiva.

¿Sois una editorial que busca concienciar a la población?

Es más ajustado a la realidad decir que participamos en un proceso de consciencia que construimos entre todos, con nuestros errores y nuestros aciertos, y sobretodo con mucho aprendizaje por el camino.

¿Tenéis una buena acogida por parte del público?

La verdad es que siempre nos hemos movido a una escala bastante humilde por lo que no tenemos un gran público cuantitativamente hablando. Cualitativamente, en cambio, tanto los libros como las actividades y eventos que organizamos no paran de regalarnos relaciones sumamente enriquecedoras.

¿A qué clase de público están dirigidas las obras que distribuís?

La gente que a lo largo de estos años se ha mostrado interesada por los libros que movemos procede de los más diversos ámbitos y condiciones. También la diversidad de temas que hemos trabajado ha contribuído a atraer personas con diferentes intereses y conocimientos que nos han aportado feedbacks muy valiosos.

¿Dónde distribuis vuestros libros?

Desde hace poco tenemos un sistema de distribución directa a través una tienda on-line (www.cauac.org) desde donde se pueden adquirir con envío a domicilio. Se pueden conseguir también en cualquier librería convencional de la península informando al dependiente del título del libro y el nombre de nuestro distribuidor en la zona (la lista de distribuidores está también disponible en nuestra web), y por supuesto acudiendo a cualquier feria o evento en el que participemos.

¿En qué medida todo lo que tiene que ver con la permacultura y afines está presente en vuestra editorial?

La permacultura y la ecología profunda son una parte fundamental de nuestro humus creativo. Como asociación somos miembros de la Red de Permacultura del Sureste Ibérico, plataforma desde la que hemos impulsado diversas acciones sobretodo relacionadas con la regeneración de los suelos, la cobertura vegetal y los bosques mediterráneos. También hemos publicado o distribuido obras que para nosotros han sido fuentes de inspiración importantes en este sentido, como Los montes arbolados, de Félix Rodrigo Mora, o el más reciente Sembrando en el desierto, de Masanobu Fukuoka.

¿Funcionáis diferente a una editorial convencional? ¿Nos puedes explicar vuestro funcionamiento, vuestro financiamiento?

Para ser sinceros no somos profundos conocedores del funcionamiento interno de las editoriales convencionales. Por hablar de lo más fundamental en este sentido, Cauac es un emprendimiento asociativo y autogestionado. Esto significa que no funciona a través del paradigma del empleo asalariado, a partir del cual una persona o estructura “emplea” a otra, sino que que varias personas cooperan de forma horizontal y colectiva por un objetivo común.

¿Participáis en algún evento, ferias, talleres, exposiciones, congresos?

Sí, aunque la intensidad de nuestra actividad es muy variable en función del tiempo y las energías de que disponemos en cada momento. A lo largo de estos años hemos organizado charlas, jornadas, coloquios, y acciones que nos han permitido profundizar en los contenidos que tratamos de una forma más vivencial. Más que una editorial, para nosotros Cauac es una escuela.

¿Qué tenéis preparado para el futuro?

El proyecto editorial más inmediato en el que estamos trabajando es la reedición de Mitología Salvaje, de Guillermo Piquero, un libro precioso con un formato muy poco convencional donde se indaga en la cosmovisión indígena de la Europa paleolítica. Posiblemente en primavera organicemos presentaciones y quizás algún tipo de jornadas, con muchas ganas y motivación de sumergirnos juntos en un tema tan bello como es el resccate de nuestra propia indigeneidad, de alguna manera nuestras relaciones auténticas y sagradas con lo que sustenta la vida.

Entrevista realizada por Pablo Bolaño para Ecologist, abril 2017

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Sembrando Iberia: la continuidad de un sueño

Mientras trabajábamos en la traducción póstuma de Sembrando en el desierto, el último libro de Masanobu Fukuoka, unas dulces lluvias primaverales bendijeron las sedientas tierras del Sureste Ibérico. Tuve entonces la oportunidad de dirijirme a un lugar de Sierra Espuña en el que dos años antes habíamos llevado a cabo una actuación sobre un terreno muy erosionado, durante unas memorables “Jornadas participativas para la regeneración del suelo“.

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Preparación de bolas de semillas (Nendo dango) para la siembra
en nuestra zona de actuación y experimentación regenerativa. Sierra Espuña, diciembre de 2015

Empleando como materiales restos de poda de pinos, reviejo (hojas secas de esparto) y balas de paja, habíamos levantado diques y pequeñas barreras a lo largo de líneas de nivel con el objetivo de promover al máximo la circulación horizontal del agua y su infiltración en el suelo, así como frenar la erosión para permitir la generación de un suelo vivo.

Vídeo de las Jornadas participativas para la regeneración del suelo, enero de 2013

Tras aquello sobrevino una intensa sequía, pero lejos de desanimarnos al invierno siguiente regresamos para sembrar multitud de semillas por toda la zona. Entonces llegó una sequía aún más severa que la anterior. Realmente las condiciones de este lugar, así como en la mayor parte del Sureste Ibérico, son muy extremas. La desertización está más avanzada incluso que en varios de los lugares a los que Fukuoka llama desiertos en su libro. Las laderas de los montes cubiertas de rodales repoblados de pino carrasco (especie capaz de medrar en las condiciones más extremas) nos dan la falsa impresión de encontrarnos en un bosque, pero bajo ellos no hay un suelo capaz de infiltrar el agua de lluvia; más bien al contrario, ésta escapa de aquél como si de aceite se tratase y corre monte abajo erosionando su superficie. No manan fuentes ni arroyos. Es como si el agua y la tierra se hubieran divorciado.

Subimos sin mucha esperanza hacia la zona de actuación. No podía sacar de mi mente la historia de aquél lugar del cañón del Río Chambal en la India, que Fukuoka-san parece dejar inconclusa, como invitando a que alguien continúe el camino que él abrió. De alguna manera esa historia es un reflejo de todo el libro. Además de sentirme especialmente conmovido por el relato del Río Chambal, había varias analogías evidentes entre aquel lugar y el que ahora nos ocupaba. Era necesario crear pequeñas zanjas o barreras para que el agua de escorrentía no arrastrara consigo todas las semillas sembradas hasta los derrubios de las ramblas. También contábamos con el agravante de una población de ungulados, en este caso los arruís del Atlas (introducidos durante los años 70 con fines cinegéticos), que, exentos de depredadores, campan a sus anchas devorando cualquier brote verde que osa emerger.

O al menos así fue hasta hace poco. Al acercarme al lugar, me topé con uno de los almeces que habíamos plantado el primer año. A pesar de las interminables sequías y de haber sido ramoneado por completo en sucesivas ocasiones, las lluvias lo habían hecho rebrotar desde abajo con pujanza. El dueño de la finca nos explicó que, tras varias décadas de expansión descontrolada de la población de arruís, este año se había levantado el veto para su caza.

Pero lo mejor estaba por llegar. Nos quedamos maravillados al comprobar que muchas semillas habían brotado tras permanecer un año y medio latentes. Retoños de almez y albaida emergían por doquier entre el acolchado de reviejo. Varios plantones que dábamos por muertos habían revivido y uno de ellos, también un almez, se erguía majestuoso ya hasta el metro y medio de altura. Esta especie de árbol, que cuando crece proporciona una sombra muy fresca y agradable, además de pequeños frutos comestibles, se ha mostrado especialmente apropiada para la reforestación en nuestro clima por su rápido crecimiento, su querencia por los terrenos calizos y su contumaz resistencia a la sequía.

AlmezAlmez de cuatro años en nuestra zona de actuación,creciendo a buen ritmo a pesar de las sequías extremas y el ramoneo intensivo (junio de 2015)
brotesBrotes de almez y leguminosas silvestres aflorando en el acolchado de reviejo (junio de 2015)

Pequeños grandes éxitos como este le llenan a uno el corazón de confianza. Podemos incluso imaginarnos cómo se sentía nuestro querido Masanobu, cuando sus logros a pequeña escala le demostraban que la vía de acción que proponía para restaurar la naturaleza en los desiertos de la Tierra era perfectamente posible, siempre y cuando se consiguiera alinear en tal propósito una masa crítica de recursos, apoyo y personas. A esto último es a lo que, desde varios pequeños colectivos confabulados en la biorregión más desertizada de la Península, hemos querido contribuir con la edición en castellano de Sembrando en el desierto.

La historia y el presente de nuestra biorregión contienen todo un compendio de las acciones y errores que en las páginas de este libro se describen como causantes tanto del origen de los desiertos como de su progresivo deterioro. Cabe destacar tres coyunturas históricas de tala indiscriminida: la dominación romana, la escalada bélica entre las potencias europeas de la Edad Moderna, y la Revolución Industrial. En los tres casos la tala masiva estuvo relacionada entre otras cosas con la expansión del cultivo extensivo del cereal, necesaria para sostener un rápido aumento de la población urbana y los contingentes militares; así como con la construcción de grandes infraestructuras también adscritas a procesos de urbanización y militarización. Como intuía Fukuoka, si queremos encontrar la causa última del origen de la mayoría de los actuales desiertos, es en la historia y el drama humano en donde debemos buscar. La Península Ibérica es un vivo ejemplo de ello.

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Desertificación avanzada en el sureste peninsular (Fortuna, Murcia)

La práctica totalidad de los auténticos bosques de la Región de Murcia ha desaparecido en la actualidad. Apenas quedan unos pocos testigos en el norte de las comarcas de Moratalla y Caravaca. Sobre las tierras desertizadas se extienden vastas áreas de cultivo de regadío que funcionan con los mismos principios que las sórdidas instalaciones de la agroindustria neocolonial que tan desgarradoramente nos describe Fukuoka en el relato de sus viajes por los desiertos de África. El agua desviada del curso de los ríos a través de canales y conductos de hormigón, o bien extraída de profundidades cada vez mayores por medio de la energía petrolífera, es vertida sobre la tierra desnuda de cobertura vegetal en cantidades justas para hacer crecer los monocultivos. El resultado, tanto aquí como en África, es la salinización acelerada de las tierras. Exactamente el mismo proceso que transformó el fértil creciente de la antigua Mesopotamia en el actual desierto de Irak.

Está claro que hay algo tremendamente disfuncional en nuestra cultura. El sabio anciano Masanobu nos anima a trasecender lo que él llamaba “el intelecto discriminante”, una manera de pensar muy arraigada que, asentada en la base de nuestra ciencia y nuestra sociedad, parece poner una distancia entre nosotros y la realidad viva que nos rodea y contiene, hasta llegar a anegar nuestra intuición y sensibilidad natural.

Ante la desertización del sureste peninsular, el enfoque predominante que nos hemos encontrado en el ámbito académico es que las condiciones climáticas presentes y venideras no van a permitir recuperar las especies ni la frondosidad del pasado histórico. Que el avance del cambio climático y las previsiones de aumento de las temperaturas y prolongación de las sequías estivales, sencillamente harán inviables los bosques de encinas que soñamos. Que no merece la pena esforzarse en esa dirección.

Bajo este planteamiento subyace una visión de las cosas basada en la causalidad lineal, de tal forma que la cantidad de precipitaciones determina la presencia o ausencia de vegetación en un lugar. Sin embargo en la naturaleza viva nos encontramos siempre con la causalidad circular, según la cual es también la vegetación, en especial los bosques, los que generan la lluvia. Gracias a los bosques el agua de lluvia se infiltra y permanece en la tierra recorriendo ciclos locales, generando -mediante la acción combinada de la sombra, la evapotranspiración y la cobertura vegetal- un ambiente de humedad que favorece la nucleación de las nubes.

Aún así, por la forma en que hemos sido entrenados a pensar, nos cuesta salir del razonamiento lineal. Por ello son tan valiosas obras como la de Fukuoka. Es necesario desaprender muchas cosas. Haciendo uso de sus propias palabras “si eliminamos la falsa concepción de la naturaleza, creo que desaparecerán las raíces del desorden mundial”. Deseamos con todo nuestro corazón que este libro pueda contribuir a ello.

restaurandoRestaurando un punto de máxima erosión en la zona 0 de nuestra área de actuación, durante las Jornadas participativas para la regeneración del suelo, enero de 2013
nada mas belloNada más bello que el hermanamiento que sentimos tras compartir trabajo colectivo y libre en el seno de la Madre naturaleza.

Es evidente que experiencias a microescala como la de Sierra Espuña no pueden por sí solas generar un impacto en el clima ni revertir el avance de la desertización. No en vano los esfuerzos del gran visionario que escribió este libro se centraron en tratar de lograr actuaciones a gran escala sobre grandes extensiones de desierto. Pero llegar a la masa crítica de intención, iniciativa y cooperación necesaria para tan extraordinaria obra, requiere de ese aprendizaje vivencial y ese contacto con la Tierra. La queremos lograr a base de sembrar semillas, cultivar y cultivarnos, reverdecer corazones, contagiarnos. No hay mayor verdad que la que expresó Fukuoka-san cuando dijo que la restauración de la tierra y la restauración del corazón humano son un mismo y único proceso.

Y así nos gustaría abrir desde estas mismas lineas un espacio de comunicación y conexión al servicio del propósito que este libro porta consigo. Invitando a todos y todas quienes las estén leyendo a tomar la confianza de escribir a la dirección de contacto sembrandoiberia@permaculturasureste.org tendiendo con ella un puente tanto para quienes estéis interesados en conocer las iniciativas de reforestaicón, restauración ambiental, agricultura regenerativa y bancos de semillas que se dan en vuestra biorregión, coo para quienes estéis ya embarcados en la aventura de sacar adelante emprendimientos regeneradores que necesiten de apoyo, difusión o voluntariado. En la medida de nuestras humildes posibilidades ponemos aquí la intención de contribuir a la conexión entre personas y proyectos, así como al intercambio y fluir de semillas y todo tipo de recursos.

Por último, esta dirección de correo electrónico queda también abierta para el compartir de ideas, sentires, experiencias, debates, arte, documentación, todo lo que sirva para enriquecer mutuamente nuestro humus creativo al servicio del reverdecimiento de los desiertos.

Al otro lado de la tecla estaremos la Cooperativa Bosque Madre, Cauac Editorial Nativa y la Red de Permacultura del Sureste Ibérico, en-red-dándonos en todo el maravilloso tejido de empoderamientos colectivos que vienen brotando en este tiempo: agricultura natural y regenerativa, restauración rural, autogestión y economía local, reforestación, crianza natural, educación libre, monedas sociales y mucho, mucho más… El desierto humano quiere reverdecer, es momento de sembrar semillas.

Jon Ortega
Finca La Mimosa, Murcia 2015